Como los Caballeros Templarios del medioevo que se formaron para
defender a los peregrinos, o las hordas de Robin Hood en el bosque de Sherwood
que protegían las bondades de su
territorio o los audaces indios motilones o la nación indígena de los Onoto
en las costas del Caribe, que con sus flechas a discreción pudieron reducir al invasor español en Suramérica, el
noble Cardòn, armado solo de su
estructura espinosa, resguarda valiente y silenciosamente los bosques xerófilos del planeta.
Siendo los bosques Xerófilos
o Xerófitos, aquellos conformados
por plantas y asociaciones vegetales adaptadas a la vida en un medio seco. En
ellos, sus especies endémicas de
flora y fauna, son capaces de sobrevivir a las condiciones más inclementes del desierto. Así mismo, la mayoría de sus plantas son suculentas, lo que quiere decir que pueden
almacenar agua. Otras, poseen semillas las cuales yacen inactivas hasta que el
agua de lluvia las despierta. A pesar de todo, estas plantas encuentran el modo
de obtener agua y protegerse del calor.
De estos bosques del desierto, la planta más famosa es el cactus, donde el Cardón es el cactus más
grande que se conoce. Un Cardón
común maduro alcanza una altura de
5 a 10 metros, encontrándose hasta
de18 metros. Debido a que es una planta de crecimiento lento, su vida promedio
se mide en cientos de años, lo
cual elimina la necesidad de una alta tasa de reemplazo por nuevas
generaciones.
Otras plantas suculentas son: la rosa del desierto y la roca
viviente. Esta última planta
parece una roca de espinas. Su disfraz la protege de sus predadores. También, muchos animales del desierto, como aves,
serpientes y roedores, mantienen reducidas poblaciones y solo se reproducen
después de las precipitaciones de
invierno, cuando el crecimiento de la vegetación asegura el sustento. Y por no beber casi nada de agua, han
desarrollado "técnicas"
para obtenerla del propio metabolismo de los alimentos, como es el caso de los
almidones, que al metabolizarse, producen dióxido de carbono y agua, los que les permite vivir sin beber por
largos períodos de sequía.
Lo cierto, es que los cardonales infunden mucho respeto y los
grandes animales herbívoros al
igual que los humanos, se cuidan mucho de meterse en sus territorios, debido a
las posibles lesiones que se les producirían al rozarse con sus inmensas espinas o "áridas flechas" como las define el poeta Lubio Cardozo, que
"casi adrede" les salen al paso para defender el bosque xerófito.
El Cardon se defiende tenazmente de los depredadores y
a la vez, resguarda su espacio natural, los hermosos bosques xerófitos. Mas
allá de una metáfora, el planeta requiere contar con ejércitos de
cardones en cada uno de sus territorios, para frenar así, el sobre
consumo y mantener a raya a los que en nombre del desarrollo sustentable agotan
nuestros recursos naturales.
Fuente: "EntornoInteligente.com"
