En Porlamar, todos los ocupantes de una buseta nos convertimos en hampones, al mismo tiempo y sin alternativa. Tener que callar mientras se cometía un hurto “menor” frente a nuestros ojos, nos hizo cómplices silenciosos de un “individuo” con una poderosa razón para enmudecernos: nos mostró, con absoluta naturalidad, una “pico ‘e loro”, como se conoce al arma blanca que posee una hoja con esta forma curva.
Saludó al conductor y al colector, sosteniendo su navaja y mostrando un picahielo retráctil también. Era evidente la tensión de los pasajeros, quienes no pasamos de cruzar miradas entre nosotros, cuando durante una “parada” de la unidad, el sujeto tomó, de la tolva de un camión estacionado, un par de botellones de agua vacíos, para “venderlos en 15 mil, porque lo que tengo es hambre y ‘toy pelando”, dijo.
“Cuidao con echarme paja porque te meto la pico ‘e loro”, le dijo al infortunado vecino parado en la puerta de su casa, diagonal al camión, y de inmediato, con la mirada recorrió las caras de todos los pasajeros, extendiendo la advertencia. Sin elección, nos hicieron cómplices de un hurto y nosotros sólo queríamos llegar al centro de Porlamar, como todos los días.
Esa inquietud se disipó luego de bajarme de la buseta y caminar un par de cuadras, cuando poco antes de la avenida 4 de Mayo, otra unidad se detiene frente a mí y de allí se baja el mismo hombre, ya sin los botellones, gritando: “4 de Mayo, Arboleda, La Vela…”, ya no con la navaja, sino con un vaso rebosante de chicha en la mano.
Entonces, luego de esta experiencia no es difícil deducir por qué las unidades de transporte público en Margarita son tan fácil blanco de los malandros. Ellos ya tienen un puesto ahí, al lado nuestro, con el pasaje pagado por la “ceguera” de conductores y autoridades, me atrevo a inferir.
En esa buseta iban personas de la tercera edad, jóvenes, adultos y, tristemente, niños, ante cuya mirada se normaliza el vandalismo y el “malandreo”, a quienes debíamos explicarles que tuvimos que callar para sobrevivir, que la policía no siempre atrapa a los malos como en la tv y que tampoco los ladrones se quedan encerrados en las cárceles.
No es exagerado decir que salimos vivos de ésta y ojalá quienes están involucrados con el tema de la seguridad, no tengan que subirse a una buseta para comprender la indefensión a la que nos exponemos los ciudadanos cada día al salir de casa (e incluso dentro de ella) y que ante esto, sus políticas contra la inseguridad, nos saben a chicha… amarga.
Fuente: elestenoticias.com
