El presidente de Venezuela y miembros destacados de su gabinete y de las Fuerzas de Seguridad se enfrentan ahora a una investigación sobre posibles centenares de casos de tortura.
Nicolás Maduro tiene un nuevo problema. Serio. Se trata del accionar del llamado Observatorio Checo de Derechos Humanos del Centro de Estudios para América Latina, que acaba de presentar ante la Corte Penal Internacional una nueva y compleja denuncia de unos ciento veinte casos adicionales de torturas y otras graves violaciones de derechos humanos acontecidos en Venezuela, que habrían tenido lugar entre abril y mayo del año en curso.
El alto tribunal penal internacional en cuestión, cabe destacar, ya está investigando los casos de unos 600 venezolanos que también afirman haber sido víctimas de tortura en Venezuela.
Con acusados que, como el propio Nicolás Maduro, tienen nombres y apellidos. Y, por consiguiente, responsabilidades personales directas que pueden ser perseguidas ante los tribunales de cualquier país que acepta la jurisdicción universal en esa delicada materia.
La denuncia incluye asimismo al actual vicepresidente y ministro de defensa, el poderoso general Vladimir Padrino López, así como a los generales: Néstor Reverol (hoy a cargo del Ministerio de Interior y Justicia venezolano), Benavides Torres (comandante de la Guardia Nacional Bolivariana, la mayor ejecutora de los delitos y violaciones denunciados), y Gustavo González López (el director de los Servicios de Inteligencia Nacional, más conocidos por su siniestra sigla: “Sebin”). A los que se suman, el general Iván Hernández Dala (director de la Inteligencia Militar venezolana) Y el jefe de la Policía Nacional Bolivariana, Carlos Pérez.
Todos ellos ya no pueden viajar libremente por el mundo, sin correr el riesgo - cierto y concreto- de ser de pronto detenidos, como en su momento, recordemos, le sucediera al fallecido general chileno Augusto Pinochet, cuando fuera apresado en la ciudad de Londres. Poco agradable, como situación. Pero tarde o temprano les iba a llegar el turno. Así como la necesidad de responder por sus actos.