Se jacta el inmaduro desde la alta posición que ocupa, por cierto, que jamás había soñado tener.
De decir, nada más y nada menos que en la sede de las Organización de las Naciones Unidas, que: “No hay en el mundo, país más seguro que el nuestro, ni donde se respeten más los Derechos Humanos, como acá”, hay que ver que tiene coraje este mentiroso de oficio, para hacer tan atrevida afirmación, ya que, con mucho dolor, tenemos que aceptar, que ya no queda un solo hogar en Venezuela, tal vez a excepción de los de ellos, que no haya sufrido los acosos del hampa común y oficial.
Y por si no fueran suficientes estos abusos, el mandamás del grupo les da más ánimo aún, insinuándoles a sus matones que ingresen a su grupo, diciéndoles: “malandros vengan a mí, para convertirlos en bienandros, y les cambiaré las pistolas por vida”, aunque no faltó quienes le agregaran en son de chiste: “y te cambiaré las viejas por otras nuevas y más potentes”.
Lo que nos recuerda actos similares, cuando entregaba esa supuesta réplica de la “Espada de Bolívar”, a los rufianes del mundo, tal vez en conmemoración del reagrupamiento de los malhechores del orbe, con quienes le encantaba fotografiarse, abrazado, besándose en ambos cachetes en señal de la celebración de todas las fechorías que cada uno cometía y apoyaba en sus respectivos países.
Nadie puede negar la proliferación de actos vandálicos del hampa organizada que cobra vidas en todas las ciudades del país y son recogidas en los medios de comunicación nacional, que va en diario aumento creciente, sin que las autoridades tomen medidas para minimizarlos y ni tan siquiera controlarlos, en una señal clara e inequívoca del interés que tiene el actual sistema de gobierno, en mantener esta clara desestabilización social, para luego usarla como mampara donde esconderse al estilo de concha, desde donde pretenden iniciar los desórdenes una vez perdidas las elecciones y llamar a un estado de sitio o algo parecido, para negarse a entregar el gobierno que desde ya tienen perdido y que el mundo entero lo sabe.
Actualmente no hay otro país en todo el universo donde la inseguridad haya crecido con tanta velocidad como en el nuestro, donde ni la gente más humilde puede asomarse fuera de sus viviendas porque los dejan como un colador con las ráfagas de disparos con armas de guerra en manos de malandros inclementes, ávidos de sangre inocente, dando la impresión de que fuera un proyecto premeditado, elaborado desde las alturas del poder.
Y la clase media, tiene que invertir sus pocos ahorros en protección, subiendo paredes, colocando cercos eléctricos, alarmas, cámaras de televisión y cuantos inventos nuevos salen, para proteger sus pocas pertenencias de bandidos que los acosan para robarlos, arrebatándoles la paz y la tranquilidad, creándoles un trauma síquico, con el que tendrán que cargar el resto de sus vidas, al ver ultrajada la usual, rutina y costumbre de un hogar sano, respetuoso y cristiano.
Fuente: eltiempo.com
