sábado

Promesas y mas promesas...


La congénita ingenuidad del venezolano, la cual no choca naturalmente con su proverbial chispeante humor, y tenaz optimismo, hace que cada campaña electoral sea marcada por un diluvio de promesas. Cierto que los pueblos de otros países, de los inscritos en el club de los sistemas “democráticos”, padecen igual síntoma. Pero, por lo general, a la hora de las elecciones, hay respuestas que castigan con rigor a los encantadores de serpientes. Esos que se fueron de feria, a ofrecer mejor salud, mas empleo, seguridad, casas, baja inflación, y  se instalaron en el poder sufriendo inmediato y severo ataque de amnesia, son echados de los palacios de gobierno a punta de votos.

Acá entre nosotros no es así. O por lo menos no lo ha sido. El venezolano no ha podido desarrollar un buen mecanismo detector de mentiras electorales. Su sistema inmunológico es tanto más resentido, cuanto más vainas le echan. Pérdida de autoestima, indiferencia, hastío, ¡que sé yo! Los candidatos, conociéndole desde hace tiempo, dándole fuertes dosis de duplicidad y cinismo, y el pueblo doblando el espinazo. La relación parece a uno de esos viejos matrimonios, en que la mujer ve y agranda todos los defectos y vicios del marido, mismos que tenía desde el primer momento en que se conocieron, para demostrar firmemente su voluntad de castrarle y canibalizarlo.

En esta especie de diálogo de sordomudos que mantienen el gobierno y las oposiciones (porque está tan claro como el cielo de playa Guacuco, que hay dos oposiciones, la que está fuera, y la que está dentro del gobierno), se ha instaurado un verdadero torneo de ofertas electorales. Los partidos y organizaciones de la llamada MUD, por labios de sus dirigentes, no cesan un segundo de plantear las más variadas, risueñas y etéreas promesas. Los dirigentes del Pesuve, los gobernadores bolivarianos, y los representantes de Chávez en la tierra, Maduro, Jaua, Cabello y algún otro, no se atrasan tampoco en ese festivo maratón de promesas y ofertas de toda clase para resolverle los problemas puntuales y  cotidianos de los venezolanos.

En todo caso, con una crisis recesiva de la economía, como la que amenaza a la casi globalidad del planeta, y el abundante cúmulo de problemas insolutos que agobia a los venezolanos, las ofertas electorales crecen como monte. En lugar de fijarse en los resultados que arrojan los sondeos y encuestas sobre los temas y problemas que más angustian a los venezolanos hoy, se vierten en inmensos océanos de propuestas a cumplir una vez pisen o se queden en Miraflores.

Más valdría seguramente al país, comprometer a todos los candidatos, partidos y organizaciones, sin excepción alguna, para montar un gran “Banco de Promesas Electorales”, a fin de que cada ciudadano, con su cuenta abierta, pueda el día de mañana retirar alguna de ellas.

Fuente: eltiempo.com