A Hugo Chávez le van las ciencias ocultas y las posesiones. La santería cubana se va adueñando de Venezuela y, coincidencia o no, Chávez ordenó hace poco
que se profanaran los restos de Bolívar.
Tras el golpe de estado de febrero de 1992 contra Carlos Andrés Pérez, los oficiales que diseñaron la operación,
incluido el teniente coronel Hugo Chávez Frías, fueron
conducidos a la prisión de Yare de
la que saldrían sólo dos años después, indultados
por el presidente Caldera. Uno de estos militares, el teniente coronel
Francisco Arias Cárdenas, cuenta
que un día entró en la celda de Chávez y estaban “todos sentados. Hugo está con pantalones
cortos, con el escapulario de Maisanta y un tabacote. Él está con una
botellita de ron y con el tabaco, echando humo.
‘Estamos convocando a los
espíritus’, me dice. De repente, Chávez se transforma y
comienza a temblar y a hablar como un viejecito: ‘¿Cómo están, muchachos?’, saluda.
Y
entonces salta de inmediato Torres, uno de los que estaba cuadrado conmigo, y
le dice: ‘¡Mi general Bolívar!’. Y Chávez contesta: ‘No soy el general Bolívar.
No me ponga tan arriba’. Salta entonces el capitán Blanco La Cruz: ‘¡Mi general
Maisanta!’. ‘Claro, mijo, aquí estoy’, dice Chávez”.
Santería y brujería
Otro de los golpistas, el capitán Valderrama, confirma la historia de Arias Cárdenas (hoy diputado chavista) y la presencia de Blanco La Cruz (hoy
gobernador de Táchira) y relata al
historiador Blanco Muñoz que “en Yare vivimos muchas experiencias de ese
mundo de la santería lindante con
la brujería.
Recuerdo que Blanco La Cruz era uno de los más asiduos al culto de lo que es el esoterismo: la brujería, la incorporación de espíritus en
personas médium. Y resulta
que Chávez les dice que él tiene facultades para ser médium… Y deciden hacer una
sesión para demostrar que eso era
verdad.
Ronald arregló la sesión para que se incorporara el espíritu de Maisanta a Chávez. Nos reunimos todos en una celda. Chávez se sentaba en una silla con un tabaco. Entonces se empieza a
fumar el tabaco y de inmediato empieza a hacer gestos con el cuerpo, para señalar que le está entrando el espíritu.
Entonces se incorpora el espíritu
de Maisanta… y era Maisanta quien hablaba a través de Chávez.
Eso lo hicimos dos o tres veces”.
Quién es el tal
Maisanta? Pedro Pérez Delgado, un guerrillero notorio por su carácter vicioso e inmoderado del que Chávez asegura ser
bisnieto (su abuelo fue el
segundo bastardo de la segunda querida de Maisanta, a quien negó el apellido como a todos los hijos que
engendró) y del que ha tomado la
estética de la camisa roja.
Un amigo de la infancia de Chávez, Rafael Simón,
cuenta que en 1985, en el comando de Elorza, donde estaba destinado el gorila,
Chávez “mandó colocar junto al
retrato de Bolívar una fotografía de Maisanta.
Además, ordenó que colgaran la bandera de guerra del
bandolero, que es un paño negro
con una calavera, la bandera de los piratas. Cada tarde, Chávez mandaba a sus soldados a rendir honores a
los dos: al Libertador y a Maisanta”.
Ese es el Chávez
supersticioso que llega al poder unos años después. Pero no es
el Chávez que hoy convalece de un
cáncer mal operado en Cuba. Entre
medias, y desde hace poco menos de diez años, Venezuela comenzó a
llenarse de agentes cubanos, consejeros mandados por los Castro para asesorar
en cuestiones como seguridad, organización e incluso suministro eléctrico. En coincidencia con la llegada
masiva de cubanos, los cementerios de Caracas comenzaron a sufrir una oleada de
profanaciones.
De las profanaciones se hizo eco toda la prensa nacional, e incluso
Newsweek le dedicó algún breve al asunto. No pasó mucho tiempo hasta que se relacionó la presencia de cubanos con el robo de los huesos y alguien gritó: “¡Paleros!”. La santería
palera, una práctica habitual en la isla, importada del Congo por los esclavos
negros que llenaron Cuba y en la que los huesos de los muertos son usados
en rituales de magia negra para conseguir ventajas,
protección o incluso que un
enemigo quede maldito.
Si el hueso es de un antepasado, el efecto es mucho más poderoso.
En el caso de Chávez, tan cerca de
Cuba y de los Castro (Fidel es palero), se cuenta y no se calla sobre su ‘conversión’ al rito palero, lo
que incluye ceremonias de purificación
junto a Castro con la sangre de un toro o incluso con la sangre de un león raquítico de un zoo de Caracas.
Así lo cuentan curas
venezolanos que en otros tiempos estuvieron cerca de Chávez, como José Palmar o
el padre Manuel Díaz, e incluso
reconocidos babalawos paleros (santeros) como Paulino Baptista, que aseguran
que el presidente está en manos de
la santería. Si eso es así, el mayor problema de Chávez es que no ha podido hacerse con los huesos de Maisanta, ya que
su tumba desapareció a mediados
del siglo pasado. Si Chávez
necesitaba un hueso, si no podía
ser de un antepasado, tendría que
ser de otro caudillo. Y no de un caudillo cualquiera. Sino del caudillo. Uno.
Bolívar.
Huesos
de cera.
La historia descabellada nos cuenta que en 2007 Chávez usó sus interminables monólogos televisados para decir en voz alta que él dudaba de la versión
oficial de que Bolívar hubiera muerto de tuberculosis. La Academia
Venezolana de la Historia salió al
quite y mostró los resultados de
la autopsia que se le practicó al
libertador y que no dejan lugar a dudas sobre el mal que, finalmente, llevó a la tumba al sifilítico héroe de la
independencia americana.
Pero Chávez no cejó. Con menosprecio absoluto de la Academia,
insistió en toda suerte de teorías fantásticas que culminaban en la versión de que los colombianos habían envenenado a Bolívar. Aquello era absurdo.
Los propios colombianos aceptaron a finales de XIX entregar el
cuerpo de Bolívar para su reposo
eterno en su patria natal, Venezuela, y prepararon su cadáver con mimo exquisito.
Abrieron el ataúd de plomo
deteriorado que contenía sus restos, arreglaron
los desperfectos, reemplazaron
con cera los trozos de esqueleto perdidos y barnizaron los huesos de Bolívar para su mejor conservación. Así lo certifica el
acta de entrega de los restos.
Y de repente, sin aviso previo a la nación, hace un año, de
madrugada (como exige el rito palero) medio centenar de hombres vestidos de
blanco (otra exigencia santera) entró en la cámara que
contiene los restos del libertador Bolívar.
A eso de la una de la mañana, y con Chávez hablando en directo a la nación, levantaron la tapa de la caja, retiraron la antigua bandera de siete
estrellas, abrieron el ataúd de plomo y mostraron los huesos barnizados
de Simón Bolívar.
Chávez aseguró que ahí comenzaba una investigación completa sobre las verdaderas causas de la muerte de Bolívar, pero lo que se vio, antes de que se
cortara la transmisión, fue a uno
de los hombres de blanco manipular con torpeza uno de los laterales del
esqueleto, del que cayó un pequeño trozo de hueso.
Un solo hueso de Simón
Bolívar. Suficiente para el rito
palero-cubano. Y hasta aquí, la
historia descabellada.
Fuente: noticiasrtv.com